TIJUANA, B.C. — Lo que pretendía ser un operativo de alto impacto para capturar a un prófugo internacional, terminó en tragedia, escándalo y señalamientos de traición a la patria. La mañana del martes, en el fraccionamiento Barcelona Residencial, la Fuerza Estatal de Seguridad Ciudadana (FESC) intentó detener a César Hernández, un presunto fugitivo de la justicia estadounidense que logró escapar tras asesinar a la agente Abigail Esparza Reyes.
Hernández, quien había huido en diciembre de 2024 de una corte en California mientras se encontraba esposado, se había refugiado en Tijuana tras su fuga. Meses de investigaciones llevaron a las autoridades a ubicarlo finalmente en la zona este de la ciudad. Sin embargo, el operativo para su captura resultó en una humillación para las fuerzas de seguridad estatales.
Según versiones extraoficiales, el objetivo abrió fuego contra los agentes, hiriendo de muerte a la oficial Esparza, para luego escapar disfrazado como empleado de limpieza, mientras una decena de agentes —apoyados por helicópteros, tanquetas y vehículos blindados de coco centraron en disparar a una casa donde ya no había nadie.
Más allá de la evidente falla operativa y del costo en vidas humanas, el caso ha escalado políticamente debido a una grave sospecha: autoridades de la Fuerza Estatal habrían permitido la participación de agentes del U.S. Marshals Service en territorio mexicano, lo cual, de confirmarse, podría constituir un acto de traición a la patria.
Diversas fuentes dentro del mismo aparato de seguridad estatal aseguran que la presencia de elementos estadounidenses formó parte del primer intento de detención, lo que explicaría el hermetismo con el que se manejó el operativo y la negativa a permitir que otras corporaciones mexicanas intervinieran.
Este posible involucramiento de una agencia extranjera sin el debido proceso legal y diplomático representa una violación directa a la soberanía nacional, y pone bajo la lupa a altos mandos de la SSCBC. Hasta el momento, ninguna autoridad ha confirmado oficialmente la participación de los U.S. Marshals, pero la versión gana fuerza tras el desastroso resultado del operativo y la forma en que se manejó desde la cúpula de la FESC.
Negativa institucional a honrar a agente caída
La indignación no termina con la fuga del sospechoso ni con las irregularidades del operativo. A la tragedia se suma un hecho que ha causado profunda molestia dentro de las filas de la corporación: la Secretaría de Seguridad Ciudadana de Baja California ha sido señalada por negarse a cubrir los gastos fúnebres de la agente Abigail Esparza Reyes, quien murió en cumplimiento del deber.
De acuerdo con denuncias internas y de la organización Hermandad de Sangre Azul A.C., los responsables administrativos de la SSCBC —Guillermo González Flores, director de Administración, y Mario Plata Contreras, jefe de Recursos Humanos— se han excusado diciendo que están “atados de manos” para autorizar el apoyo económico, pese a que el Gobierno del Estado ya habría girado instrucciones claras al respecto.
“Esto demuestra una falta de compromiso hacia nosotros, los agentes de la FESC”, se lee en un comunicado emitido por los propios elementos, quienes calificaron la actitud como una muestra de desdén institucional hacia quienes arriesgan la vida todos los días.
La gobernadora Marina del Pilar Ávila Olmeda expresó su pesar por la muerte de la oficial en redes sociales, elogiando su valentía, pero sin pronunciarse aún sobre la omisión en los apoyos funerarios.
Una herida más en la seguridad estatal
El caso de César Hernández, lejos de cerrarse, ha abierto una nueva grieta en la confianza ciudadana hacia las instituciones de seguridad. Entre la fuga de un criminal de alta peligrosidad, la muerte de una agente, y la presunta colaboración ilegal con fuerzas extranjeras, la FESC enfrenta uno de los episodios más delicados de su historia reciente.
Mientras tanto, los compañeros de Abigail exigen justicia no sólo contra el asesino, sino también contra quienes permitieron que su muerte se convirtiera en una ofensa doble: primero en el operativo, y después en el olvido.
















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